Ya comprendí por que las lágrimas no funcionaban, por que ellas no me limpiaban el alma como yo deseaba, lo que me faltaban eran las palabras, tanto las mías como las de esa persona que siempre me escucha y está junto a mí, en esos momentos más desesperados.
La otra yo aún no sale, pero por lo menos la mujer que está fuera ya pudo expresar lo que siente sin ningún temor. Entre lágrimas y palabras encontré la solución, no la definitiva, pero por lo menos esa que me ayudó a liberarme de las ataduras.
Aquellas cadenas que no me dejan ser libre, aquellas tiras invisibles que no me dejan ser lo quiero ser. Aún no soy completamente libre, no estoy completamente feliz, pero si veo una luz, no sé si será la definitiva, pero ya hay un poco de luminosidad dentro de esta hueco profundo y oscuro en el que me encuentro.
Libertad eso es lo que anhelo, ser libre y feliz y dejar de lado la amargura y tristeza que me llevan cada vez más al fondo, donde están mis monstruos y sé que sí me atrapan jamás podré escapar.